
Se acerca la última semana del trimestre y llega la hora de premiar a mis bastardos por sus
logros. De toda la puta vida se me ha dado fatal hacer regalos: busca algo que le vaya a gustar a la otra persona, sigue buscando, sigue buscando, ...cuando lo encuentres, envuélvelo, y espera a ver qué cara pone cuando lo abra.
Y ahí está el problema. Esa cara. Esa puta cara. ¿Y si no le gusta? Tanto esfuerzo para ver una cara de decepción. No, no me gusta nada.
Pues bien, hace años que solucioné el problema haciendo otro tipo de regalos: canciones, poemas, dibujos,...todo hecho a mano, sin gastarme un duro, y siempre con la inspiración y la temática de la persona que iba a recibir tal "obra de arte".
Desde entonces, todo me va mucho mejor. Hay gente que no aprecia muy bien este tipo de regalos (considerándolos "de agarraos"), pero a mí eso me la trae al fresco.
Y he aquí el problema: mis chiquillos. A un alumno no le voy a regalar un dibujo. Son jóvenes y están convencidos de que los regalos materiales son los únicos que existen. Me gustaría arriesgarme y obserquiarles con alguna manualidad, pero mucho me temo que no conseguiría despertar en ellos una curiosidad hacia los regalos personales, sino más bien un odio hacia mi persona.
Me quedan dos días para decidirme. Mientras tanto, seguiré maldiciendo la hora en la que se inventaron los regalos.
logros. De toda la puta vida se me ha dado fatal hacer regalos: busca algo que le vaya a gustar a la otra persona, sigue buscando, sigue buscando, ...cuando lo encuentres, envuélvelo, y espera a ver qué cara pone cuando lo abra.
Y ahí está el problema. Esa cara. Esa puta cara. ¿Y si no le gusta? Tanto esfuerzo para ver una cara de decepción. No, no me gusta nada.
Pues bien, hace años que solucioné el problema haciendo otro tipo de regalos: canciones, poemas, dibujos,...todo hecho a mano, sin gastarme un duro, y siempre con la inspiración y la temática de la persona que iba a recibir tal "obra de arte".
Desde entonces, todo me va mucho mejor. Hay gente que no aprecia muy bien este tipo de regalos (considerándolos "de agarraos"), pero a mí eso me la trae al fresco.
Y he aquí el problema: mis chiquillos. A un alumno no le voy a regalar un dibujo. Son jóvenes y están convencidos de que los regalos materiales son los únicos que existen. Me gustaría arriesgarme y obserquiarles con alguna manualidad, pero mucho me temo que no conseguiría despertar en ellos una curiosidad hacia los regalos personales, sino más bien un odio hacia mi persona.
Me quedan dos días para decidirme. Mientras tanto, seguiré maldiciendo la hora en la que se inventaron los regalos.

