domingo, 29 de marzo de 2009

La Nintendo DS, por favor


Se acerca la última semana del trimestre y llega la hora de premiar a mis bastardos por sus
logros. De toda la puta vida se me ha dado fatal hacer regalos: busca algo que le vaya a gustar a la otra persona, sigue buscando, sigue buscando, ...cuando lo encuentres, envuélvelo, y espera a ver qué cara pone cuando lo abra.

Y ahí está el problema. Esa cara. Esa puta cara. ¿Y si no le gusta? Tanto esfuerzo para ver una cara de decepción. No, no me gusta nada.

Pues bien, hace años que solucioné el problema haciendo otro tipo de regalos: canciones, poemas, dibujos,...todo hecho a mano, sin gastarme un duro, y siempre con la inspiración y la temática de la persona que iba a recibir tal "obra de arte".

Desde entonces, todo me va mucho mejor. Hay gente que no aprecia muy bien este tipo de regalos (considerándolos "de agarraos"), pero a mí eso me la trae al fresco.

Y he aquí el problema: mis chiquillos. A un alumno no le voy a regalar un dibujo. Son jóvenes y están convencidos de que los regalos materiales son los únicos que existen. Me gustaría arriesgarme y obserquiarles con alguna manualidad, pero mucho me temo que no conseguiría despertar en ellos una curiosidad hacia los regalos personales, sino más bien un odio hacia mi persona.

Me quedan dos días para decidirme. Mientras tanto, seguiré maldiciendo la hora en la que se inventaron los regalos.

sábado, 7 de marzo de 2009


Comienza aquí este blog dedicado a los Malditos Bastardos. Lo siento por los que crean que van a recibir información de lo último de Tarantino, pero no es así. He llamado así al blog en honor a esas criaturas perversas que te hacen creer que son dulces y cándidas, con las que guardo una relación de amor-odio difícil de explicar: mis alumnos.

Para mantener su anonimato al máximo, no diré dónde trabajo ni daré nombres reales. De hecho, que no es extrañe si les llamo "Encendedor González", "Piedra Pómez", o "Patapa López". El objetivo es empañar la pantalla de mi ordenador con vivencias que me hacen la vida más llevadera a veces, para amargármela otras.

Una de cal y otra de arena.

¡Que comiencen los Bastardos!